Introducción
El centro del corazón es el centro energético más importante del cuerpo. Es el eje de la vida, en términos físicos y espirituales.
Al igual que el corazón bombea al resto del cuerpo la sangre oxigenada de nuestros pulmones, la energía que recibimos de Dios pasa por el chakra del corazón antes de avanzar para nutrir los demás chakras y sistemas del cuerpo.
Al pasar por el chakra del corazón, la energía asume su esencia, esto es, la vibración y cualidades singulares de tu corazón.
“Porque cuáles son sus pensamientos íntimos, tal es él,” señala el libro de Proverbios. Si la motivación que hay en nuestro corazón es pura y estamos resueltos a dar amor, bondad y compasión a los demás, la energía que fluye a través de este chakra irá dirigida a bendecir y estimular.
Si, de lo contrario, la energía que emite nuestro chakra del corazón es impura, si está contaminada de egoísmo, odio o antipatía, ello puede repercutir en todos nuestros chakras. Por eso es tan importante empezar nuestras meditaciones y ejercicios limpiando y equilibrando el corazón.
Mi fortaleza vale por la de diez porque mi corazón es puro.
—GALAHAD EN “SIR GALAHAD”
El chakra del corazón
- Ubicación: centro del pecho
- Color: rosa
- Nombre sánscrito: Anahata (inexplorado o intacto)
- Pétalos: 12
- Manifestación positiva: amor, compasión, belleza, abnegación, sensibilidad, apreciación, comodidad, creatividad, caridad, generosidad
- Manifestación desequilibrada: odio, antipatía, desagrado, egoísmo, lástima hacia uno mismo, falsa empatía, negligencia
- Parte del cuerpo: corazón, timo, sistema circulatorio
- Instrumento musical: arpa
- Piedra preciosa: rubí, granate, diamante, cuarzo rosa, berilo rosa
- Tradición espiritual: Cristianismo
- Arcángel: Chamuel
Muchas personas traen a colación hoy día centrarse en el corazón, hablar desde el corazón, actuar desde el corazón. Sin embargo, existen varios equívocos sobre la apariencia que ello reviste.
El amor verdadero no es sentimental o pasivo. Es fuerte y suave a la vez. Y, como lo definen los místicos, eminentemente práctico.
El poeta sufí Rumi, por ejemplo, escribió: “Alguien pregunta: ¿Cómo es que el amor tiene manos y pies? ¡El amor es el lecho del que brotan las manos y los pies!”.
La Madre Teresa habría coincidido con ello de todo corazón, porque de su amor nació un espíritu de servicio que abarcaba a todos los individuos. El amor era, a su juicio, una parte esencial de la vida cotidiana. “No hacemos cosas grandes,” explicaba. “Solo hacemos cosas pequeñas con mucho amor.”
El místico y santo Juan de la Cruz afirmó que la meta final de la vida, que es nuestra unión con Dios, solo puede lograrse por medio de esta “llama de amor viva”.

Puesto que el centro del corazón y sus fuegos de amor son tan importantes para nuestra vitalidad física, emocional y espiritual, las iniciaciones y lecciones relacionadas con el corazón son quizá algunas de las más profundas con que nos encontraremos.
¿Qué es la verdadera compasión? Para responder a esta pregunta tenemos que hacer una distinción entre compasión y lástima.
Tendemos a utilizar ambos términos indistintamente, pero si se desea comprender las sutilezas implícitas en el desarrollo del chakra del corazón, nos será de ayuda distinguirlos:
- La compasión procede del nivel de nuestro Yo Superior y proporciona al prójimo lo que este necesita en un momento determinado.
- La lástima proviene del nivel del yo inferior y se interpone en lo que el alma necesita.
La lástima nos hace sentir pena por nosotros mismos, ceder a nuestras debilidades, caer imperceptiblemente en crisis o depresiones del tipo “¡ay de mí!”. La lástima convalida el hecho de sentirse víctima en lugar de ayudarnos a ver nuestras dificultades como oportunidades.
En el aura, la lástima aparece en forma de energía almibarada que gotea el corazón en espirales de energía dirigidas hacia abajo, que con el tiempo provocan el hundimiento de las emociones, así como de la conciencia del alma.

La compasión, por el contrario, se sumerge en los fuegos puros del corazón para elevar a los demás, de manera que se percaten de su pleno potencial. La compasión contribuye al proceso de refinamiento del alma.
No deja a una persona doliente allí donde la encontró. Está bien dar apoyo a un niño, un amigo o un ser querido, pero cuando los almohadones que les brindamos les impiden aprender sus lecciones y crecer gracias a ellas, no les estamos haciendo ningún favor.
A veces, aquellos a quienes más amamos necesitan una dosis de realidad, un despertar. Existe otra diferencia entre compasión y lástima. Esta puede llegar a ser autoritaria o asfixiante, abrumadora, en lugar de una ayuda.
No podemos forzar la apertura de una flor abriendo sus hojas o regándola en exceso. Mas sí podemos asegurarnos de que tenga suficiente, y no demasiado, aire, agua, luz solar, alimento, es decir, el entorno y los nutrientes adecuados.

Una vez que hemos cumplido estos requisitos, solo podemos dejar que la flor se despliegue de acuerdo con su calendario interno y su propia fortaleza. Lo mismo se aplica a las almas que se hallan bajo nuestro cuidado.
Dejar ir es algo que en ocasiones resulta muy difícil.
Cuando nuestros hijos empiezan a caminar, queremos protegerlos para que no se hagan daño y ofrecerles el apoyo que necesitan.
No obstante, es fundamental dejar que lo intenten una y otra vez hasta que ese primer paso sea solamente suyo. Lo mismo vale vale para cualquier paso que demos en la vida. Nadie puede hacerlo por nosotros, y nosotros tampoco podemos hacerlo por nadie más.
Autoanálisis:
- ¿Tiendo a proporcionar compasión a base de apoyo y realismo o por el contrario empatizo a base de consentir o abrumar?
- ¿Soy capaz de dejar ir, de soltar cuando es preciso hacerlo y dejar que los demás avancen por sí mismos?
- ¿Cómo puedo convertir más a menudo la lástima en compasión?
Cada uno es único
Hay dos verdades universales que a veces olvidamos.
- Número uno: No todo el mundo piensa, siente o actúa igual que nosotros.
- Número dos: Está bien que no todo el mundo piense, sienta o actúe igual que nosotros.
No tenemos que desplegar una cruzada para cambiar a alguien. No tenemos que compartir el sentir de Henry Higgins sobre “¿por qué no puede ser la mujer más como el hombre?” ¿Por qué no puede ser él o ella más como yo?
Una de las cosas más importantes que podemos enseñar a los niños a una pronta edad es a disfrutar de las diferencias entre las personas. Deja espacio a las personas para que sean quienes son.

Vamos a encontrarnos en el mundo con muchas tipos de personas que tal vez no vayan a encajar en nuestros parámetros. Pero con frecuencia veremos que tienen algo que enseñarnos.
Al margen de con quién te topes, trata de mantener el corazón abierto y descubrir lo que Dios quiere que aprendas de ese individuo, porque no se trata de un error. La vida nos pone en contacto con las personas y situaciones que necesitamos.
En tiempo en que el filósofo y maestro espiritual Gurdjieff dirigía una comunidad en Francia, una de las personas que vivía allí era un viejo irritable y descuidado.

No encajaba muy bien en el grupo y nadie se llevaba bien con él. Incluso él mismo parecía consciente de ello y después de varios meses difíciles se marchó a París. Gurdjieff le siguió y le pidió que cambiara de idea, pero el viejo hombre se negó a volver a una situación tan desagradable.
Al final, Gurdjieff le ofreció una sustanciosa pensión con el propósito de que regresase a la comunidad. Tan pronto como el terco compañero apareció en escena, el resto de los miembros de la comunidad se quedaron pasmados. Y cuando descubrieron que Gurdjieff le estaba pagando, mientras ellos le pagaban a él para vivir en la comunidad, se disgustaron todavía más.
Al fin, el maestro explicó por qué motivo no podía permitir que el hombre se marchase: “Si el no estuviera aquí, vosotros no aprenderíais lo que os hace falta aprender sobre la ira o sobre la compasión,” les reprochó. “¡Por eso me pagáis y por eso yo le pagó!” Este sabio maestro sabía que el viejo gruñón era el fino grano de arena, el agente irritante que crearía brillantes perlas en su comunidad.
Yo sigo la religión del amor: cualquiera que sea el camino que el camello del amor tome, esa es mi religión, mi fe.
—IBN ARABI
¿No te parece que Dios hace lo mismo? Él ‘dispone’ las situaciones de modo que podamos aprender sobre la ira, la irritabilidad, la paciencia y la compasión.
Cuando sentimos un inmediato desagrado o antipatía por alguien, con toda probabilidad nos hemos tropezado con nuestro karma. Y cuanto antes lo afrontemos y resolvamos con amor, antes nos liberaremos de él.
“Agradece quienquiera que se te presente”, advirtió Rumi, “porque ha sido enviado desde más allá para ser tu guía”.
Dirige una oración en voz baja a Dios para que te ayude a mantenerte sincero, con el corazón abierto, y te muestre exactamente qué has de aprender de la situación. Invoca a tu Yo Superior y al de la otra persona para que dirijan tu relación. A continuación sé bondadoso y deja que el resto se revele.
A corto plazo puede parecer más fácil ignorar la situación, rebelarte contra ella o huir. Pero a la larga no es así. Cuando alguien nos desagrada o nos cae mal, nos atamos a él o a ella.
¿Te acuerdas de la escena del Retorno del Jedi? Luke Skywalker es atrapado por el emperador del mal y Darth Vader. El emperador intenta atraer a Luke hacia el lado oscuro. En un momento dado, se voltea hacia Luke y le provoca con estas palabras:
“El odio está creciendo en ti. Toma tu arma de Jedi. Úsala. Estoy desarmado. Fulmíname con ella. Cede a tu ira. A cada momento que pasa, te vuelves mi siervo cada vez más”.

Via Flickr: https://www.flickr.com/photos/jdhancock/6206667510
Luke se da cuenta de que el odio le va a atar al lado oscuro. Así, se centra en el corazón, reafirma su lealtad para con “la fuerza”, y finalmente, gracias a su amor, atrae a Darth Vader hacia la luz. El emperador, sin embargo, tenía toda la razón: el odio nos magnetiza hacia los pies del objeto que odiamos.
Autoanálisis:
- ¿Cuáles son las situaciones difíciles que se me presentan en la vida? ¿Qué se supone que debo aprender de ellas?
- ¿Existen actualmente circunstancias en mi vida que puedo considerar oportunidades para mantener el corazón abierto? ¿Qué puedo hacer para mantener viva la compasión en tales situaciones?
Muchos de nosotros crecimos sin haber aprendido a dar consejos u orientación a nadie. Quienes nos sirvieron de modelo eran directores, no mentores.
Constituye parte de nuestro desafío colectivo en este nuevo milenio, en esta era de Acuario, el nutrir y expresar el lado femenino que cuida, el lado que tiene que ver con crear relaciones, educar, aconsejar, trabajar en equipo.
Un buen comienzo sería simplemente desmarcarnos por unos momentos de nuestras actividades para valorar a los demás. Cada día acércate a alguien y agradécele su contribución, bien sea el buen trabajo que hizo o el simple hecho de que esté alegre y risueño.

Cuanto más reforcemos los aspectos positivos en los demás, más posibilidades hay de que repitan ese comportamiento positivo. Y cuanto más reforcemos los negativos, más probable será que crean que eso es todo cuanto son capaces de hacer y por consiguiente repitan el mismo comportamiento.
A ello hay que añadir que cuánto más aprendamos a amar y valorarnos a nosotros mismos, más amor atraeremos a nuestra vida. “Una persona amorosa vive en un mundo amoroso. Una persona hostil vive en un mundo hostil”, sintetizó Ken Keyes, Jr. “Cada persona que te encuentras es tu espejo”.
En términos muy pragmáticos, Lucille Ball dijo una vez: “Tengo una religión cotidiana que me funciona. Ámate a ti ante todo y el resto se acomodará a ello. Tienes que amarte de verdad para conseguir algo en este mundo”.
La actividad espiritual del corazón produce determinados efectos en nuestra salud y vitalidad. Investigadores del Instituto HeartMath, por ejemplo, han demostrado que las emociones como la ira y la frustración crean tensión al corazón y otros órganos.
Las emociones como el amor, la compasión y el aprecio producen el efecto contrario: crean armonía en el cuerpo, lo cual conduce a un aumento de la inmunidad y a la mejora del equilibrio hormonal.
Existe un cuento hasídico muy hermoso e ilustrativo sobre el tremendo impacto que el aprecio puede ejercer no sólo sobre nosotros sino sobre el mundo que nos rodea.
Alguna que otra vez, un rabino se retiraba a una pequeña cabaña inmersa en los bosques que rodeaban un monasterio. Un día, el abad del monasterio visitó al rabino y le pidió consejo. Le explicó que su orden se estaba reduciendo, hasta tal punto que tan solo vivían allí cinco monjes, y todos rondaban los setenta años.
El rabino le contó al monje que a él le ocurría lo mismo. Cada vez menos personas acudían a la sinagoga. “Me temo que no le voy a poder dar ningún consejo”, respondió el rabino. “Solo puedo decirle que uno de ustedes es el Mesías”.

A su regreso a casa, el abad explicó a los cuatro monjes lo que le había dicho el rabino. ¿Podía ser uno de ellos el Mesías? Se preguntaban. Aunque cada uno tenía sus pequeñas rarezas, empezaron a ver también que cada uno tenía grandes virtudes.
Puesto que cualquiera podía ser el Mesías, primorosamente se fueron tratando con mayor aprecio y respeto y empezaron a valorarse y respetarse a sí mismos también.

De vez en cuando, los habitantes del pueblo disfrutaban de comidas campestres en los alrededores del monasterio y, en ocasiones, iban a meditar a la vieja capilla. Con el transcurso de los meses, empezaron a sentir algo especial. Se respiraba una atmósfera peculiar en el lugar porque los monjes se trataban con suma reverencia.
Así pues, los habitantes del pueblo empezaron a visitar el monasterio más a menudo, llevando consigo amigos. Al poco, algunos de los más jóvenes comenzaron a hablar con los monjes.

Una tras otro, fueron pidiendo adscribirse a la orden. Transcurridos unos pocos años, el monasterio estaba lleno y se había convertido en un centro de gran espiritualidad, todo gracias a las sabias palabras de despedida del rabino al abad y al poder del aprecio.
El poder curativo de nuestro corazón puede ciertamente crear una reacción en cadena. En su mensaje a las Naciones Unidas en 1992, Thomas Banyacya dijo: “Si retornamos a la armonía espiritual y vivimos desde el corazón, podremos experimentar un paraíso en este mundo”.
Liu I-ming, taoísta nacido hacia 1737, afirmó que el poder de cambiar al mundo empieza en cada uno de nosotros. Escribió: “Un sabio dijo, ‘Si un solo día puedes tener maestría sobre ti mismo y volver a tener un comportamiento atento, el mundo entero retornará a la benignidad’. ¿Crees que la benignidad depende de ti o de otros? Este es, sin duda, el aspecto sutil de este pasaje”.
Autoanálisis:
- ¿Busco maneras de valorar a los demás?
- ¿Me desmarco de mi rutina para ver lo que aportan?
- ¿Busco maneras de valorarme a mí mismo?
- Si se me da la oportunidad de conducir o guiar a otras personas, ¿la utilizó para alentar su creatividad antes que cumplir con mis compromisos diarios? ¿Utilizo el papel de líder para dirigir a otros individuos o para aconsejarles?
Una de las iniciaciones del corazón es mantenerlo abierto y otra es marcar límites. ¡En efecto, tienes permiso para decir no!
Si no podemos establecer límites cuando es necesario, no es saludable, no solo para nosotros, sino para los demás. Cuando dices sí a todo, ya sabes lo fácil que es quedarte extenuado, volverte irritable y poco creativo. Si no nos tomamos el tiempo o espacio suficiente para cargar pilas y nutrirnos, somos mucho menos eficaces a la hora de llevar a cabo nuestra misión.
Si queremos ayudar a otros, primero debemos prestarnos atención a nosotros mismos.
Establecer límites saludables también significa que podamos defender nuestros principios frente a la presión de los semejantes o de la sociedad. Significa que podamos decir no a las cosas que no nos propulsen hacia nuestras metas fundamentales en la vida.
Thomas Merton, monje trapense y escritor del siglo XX, apuntó una vez que incluso en un entorno espiritual la presión entre semejantes puede ser un problema: “El hombre más pobre en una comunidad religiosa no es necesariamente aquel que tiene menos objetos asignados para su uso. . . . Suele ser el que está a disposición de todos los demás. Todos pueden valerse de él y nunca dedica un rato a hacer algo especial para sí”.
El rabino Moshe Leib expresó identico parecer:
“El ser humano que no dispone de una sola hora para sí mismo cada día no es en absoluto humano.”
Hay un relato budista sobre una mujer joven que aprendió una importante lección sobre límites de su maestro budista de meditación.
Cada día se concentraba en desarrollar amor y compasión en su corazón. Pero tan pronto como dejaba la casa para ir al mercado se enfrentaba con las desagradables insinuaciones de un tendero. Al final perdió los nervios y, blandiendo su paraguas, arremetió contra el imprudente comerciante en plena calle.
Lamentablemente, el maestro de meditación la estaba observando desde el otro lado de la calle. Se acercó al maestro, avergonzada por haber perdido los estribos. Con tono cortés, este le advirtió: “La próxima vez que ocurra, llena tu corazón de tanto amor y compasión como te sea posible y a continuación… ¡azota con el paraguas a ese granuja en la cabeza!”
El alma no está donde vive, sino donde ama.
—THOMAS FULLER
Llega un momento en que tenemos que marcar distancias para proteger nuestra energía y nuestros chakras; y normalmente podemos hacerlo sin tener que golpear la cabeza de alguien con un paraguas.
A veces he tenido que aprender por las malas alguna lección sobre marcar límites. En una ocasión, una persona me llamó por teléfono y se puso furiosa conmigo. Después de colgar, sentí dolor en el corazón y tardé un rato en recuperarme. Luego me di cuenta de que lo más amoroso que podía haber hecho, por el bien de esa persona y por el mío, era establecer los límites diciéndole educadamente adiós y colgar el teléfono.
Cuando las personas están enojadas, tenemos la alternativa de explicarles con tono suave pero firme que estaremos encantados de hablar con ellas más tarde, cuando se sientan mejor, pero que vamos a tener que terminar la conversación si continúan hablando de esa manera.
No siempre podemos cambiar a los demás, pero sí podemos responsabilizarnos de proteger nuestra energía marcando límites saludables.
Autoanálisis:
- ¿Existen circunstancias en mi vida en las que necesite marcar límites saludables por mi propio bien?
- En tales situaciones, ¿cómo puedo comunicar de manera amorosa esos límites?
Tanto los adeptos orientales como los occidentales señalan que el mayor poder en el universo es la suavidad. Lao Tse utilizó la analogía del agua: “No hay nada más suave y débil que el agua y, sin embargo, no hay nada mejor para atacar cosas duras y fuertes. . . Lo débil supera a lo fuerte y lo suave, a lo duro. . . La cosa más suave, más dócil del mundo, pisotea la más firme del mundo.”

Cuando el agua se desliza entre los dedos no parece “firme”; no obstante, puede desgastar la roca y descubrir sendas atravesando y rodeando gigantescos obstáculos. El poder de la suavidad hace lo mismo.
La suavidad es un modo receptivo por medio del cual las acciones y reacciones humanas enérgicas y antinaturales ceden ante el movimiento natural del corazón. La suavidad es una actitud de dar y nutrir que no siente la ofensa. Es lo contrario de la susceptibilidad, la rigidez o la resistencia. Las cosas quebradizas (susceptibles) se rompen, pero la suavidad es flexible y puede doblarse. Un sabio intérprete apuntó al respecto: “Benditos son los flexibles, porque no serán doblegados”.
Este es el principio que rige las artes marciales, como el taichí Chi Chuan. Se basan en cultivar las energías internas y desarrollar la suavidad que triunfará sobre el uso de la fuerza muscular, externa. El cuerpo se muestra suave y manso, pero por fuera posee una gran concentración de poder interno.

El gran maestro de taichí Chi Chuan del siglo XX, Cheng Man-ching escribió: “Quienes aman el combate nunca dejan de utilizar la fuerza rígida y bruta para atacar a sus adversarios o técnicas veloces para luchar cuerpo a cuerpo… Si uno se defiende ello con dureza, el resultado será la derrota y ofensa para ambas partes. Eso no es maestría.
“Si mi adversario emplea dureza, yo la neutralizo con suavidad. Si ataca con el movimiento, yo le salgo al encuentro con calma. . . . Esto es a lo que Lao Tse se refirió como suavidad y debilidad que vencen a la dureza y la fortaleza”.
En nuestras interacciones personales, la suavidad es una manera amable de encarar una situación sin degradar a la otra persona (o a ti mismo); por el contrario, le muestra, de corazón, que lo haces por su beneficio.
Fíjate en el siguiente ejemplo del budismo zen. Un estudiante de meditación tutelado por un maestro zen saltó a hurtadillas el muro del templo, de noche, y se fue al pueblo para divertirse un rato.
El maestro lo descubrió una noche al percatarse del taburete que el estudiante empleaba para sus escapadas y cuando regresaba. Así que una fría noche le esperó en el lugar donde solía estar el taburete. Cuando volvió, el estudiante saltó sobre la cabeza del maestro y cayó al suelo. Al darse cuenta de lo que había sucedido, se asustó y se sintió avergonzado.
“Hace frío a esta hora de la mañana”, dijo simplemente el maestro. “Ten cuidado no sea que te resfríes”. El estudiante jamás volvió a recurrir a sus escapadas nocturnas. El simple acto de suavidad que ejecutó el maestro le cambió la vida.
Autoanálisis/Evaluación:
- ¿En alguna ocasión he visto que la suavidad, en lugar de la severidad, cambiaba totalmente una situación? ¿Qué he aprendido de ello?
- La próxima vez que me halle en una situación de enojo, ¿cómo puedo utilizar la suavidad para darle un giro completo?
Ejercicios
Toma notas en tu diario
Tómate unos momentos para reflexionar sobre estas tres preguntas:
- ¿Cómo puedo convertir la lástima en compasión más a menudo en mi vida?
- ¿Qué maneras puedo encontrar para mostrarle aprecio a los demás?
- ¿De qué manera puedo mostrarme aprecio a mí mismo?
Afirmación del corazón
Al recitar esta afirmación visualiza la llama violeta en tu chakra del corazón como una vibrante luz violeta que suaviza y calienta ese órgano. Obsérvala derritiendo capas y capas de incrustaciones alrededor del corazón.
Corazón
¡Fuego violeta, divino amor,
llamea en este mi corazón!
Misericordia verdadera Tú eres siempre,
mantenme en armonía contigo eternamente.
Meditación sobre la luz del corazón
Cuanto más nos concentremos en el corazón y en sus cualidades durante la vida en general y al realizar los ejercicios espirituales, más poderosos y sensible se tornará.
La bella oración “YO SOY la luz del corazón” de Saint Germain alaba la chispa divina que tenemos en él y nos ayuda a estar más centrados en dicho órgano.
YO SOY la luz del corazón
brillando en las tinieblas del ser
y transformándolo todo en el dorado tesoro
de la mente de Cristo.
YO SOY quien proyecta mi amor
hacia el mundo exterior
para derribar las barreras
y borrar todo error.
¡YO SOY el poder del amor infinito,
amplificándose a sí mismo
hasta ser victorioso,
por los siglos de los siglos!