Introducción
El séptimo centro de energía, el chakra de la coronilla, es aquel donde recibimos y experimentamos sabiduría e iluminación.
La apertura de este centro en el pleno resplandor de su luz amarilla dorada se ha representado tradicionalmente con el halo o aureola de los santos. También, con la vibrante corona en torno a los budas o la protuberancia en forma de cúpula o de llamas que figura en lo alto de su cabeza.
La sabiduría de los santos y de los budas no equivale al conocimiento de las cosas del mundo. Es el conocimiento de la realidad que se encuentra más allá del mundo físico, la realidad interna que da estímulo a la forma externa. La sabiduría del chakra de la coronilla significa que nuestro conocimiento de esta realidad interna es más importante que todas nuestras proezas intelectuales.
Cuando le preguntaron al Buda Gautama: “¿Quién eres?”, él respondió: “Yo estoy despierto”.
Estar iluminado quiere decir que estamos despiertos a nuestro potencial interno. Cuando estamos despiertos, entendemos las limitaciones de nuestro yo inferior y los recursos ilimitados de nuestro gran Yo.
Por medio de nuestro chakra de la coronilla, podemos conectarnos a una fuente superior de conocimiento: nuestra propia mente superior, que está unida a la mente de Dios.
Podemos aprovechar nuestro propio genio creativo. Porque un genio, advirtió Napoleón Hill, es tan solo “aquel que ha descubierto cómo incrementar la intensidad del pensamiento al punto de poder comunicarse con fuentes de conocimiento no disponibles a través del coeficiente o ritmo normal de pensamiento”.
La sabiduría de la coronilla, inextricablemente ligada a la compasión, nos incita a compartir lo que hemos recibido con aquellos que más lo necesitan.
Después de meditar bajo el árbol Bo y lograr la iluminación, el Buda Gautama permaneció en nirvana durante cuarenta y nueve días.
Y, antes de impartir a los demás la sabiduría que había cosechado, la tentadora, Mara, trató de convencerle de que regresara al nirvana. Compartir esa enseñanza no tenía ninguna utilidad, señaló Mara, porque nadie la entendería.
Sin embargo, Gautama no retrocedió. Se limitó a responder: “Alguien la entenderá”.
Yo soy una parte de todo lo que me he encontrado.
-ALFRED, LORD TENNYSON

El chakra de la coronilla
- Ubicación: coronilla
- Color: amarillo, oro
- Nombre sánscrito: Sahasrara (“mil facetas”)
- Pétalos: 972
- Manifestación positiva: iluminación, sabiduría, conocimiento del yo y del Yo, comprensión, humildad, conciencia cósmica, imparcialidad (mente abierta)
- Manifestación desequilibrada: Egocentrismo, orgullo intelectual y espiritual, vanidad, intelectualismo, estrechez de miras, ignorancia
- Órgano del cuerpo: glándula pineal (o pituitaria), corteza cerebral, sistema nervioso
- Instrumento musical: instrumentos de cuerda
- Piedra preciosa: diamante amarillo, zafiro amarillo, topacio
- Religión: Budismo
- Arcángel: Jofiel
De una u otra forma, todos estamos llamados a compartir la iluminación que hemos recibido a lo largo de la vida.
La sabiduría que cosechamos de nuestra inteligencia superior, de las universidades del mundo o incluso de la “escuela” de los reveses de la vida es un regalo.
De la compasión que sentimos por los demás, nos brota el impulso de compartirlo, ya sea utilizándolo para guiar a los niños de nuestra familia o vecindario, para desarrollar un programa informático que ayude a otras personas a obtener nuevas destrezas o para curar enfermos.
Pablo Picasso comentó en cierta ocasión: “Las computadoras son inútiles. Solo pueden dar respuestas”.
Las preguntas que rebasan las fronteras de lo conocido, son lo que nos catapulta al reino de los genios.
El cosmólogo británico de Cambridge Stephen Hawking afirma: “No existe una ruta prescrita que se deba seguir para llegar a una nueva idea. Tienes que dar el salto intuitivo”.
Uno de los secretos del chakra de la coronilla es que ese salto de la conciencia no requiere un doctorado.
El hecho de andar provistos de un intelecto humano bien desarrollado no necesariamente nos hace aptos para acceder a la inteligencia divina.
De hecho, según Lao Tse: “Sin ir a ninguna parte, puedes conocer el mundo entero. Sin ni siquiera abrir la ventana, puedes conocer los caminos del cielo. Ya ves: cuanto más lejos vas, menos conoces”.
Al educarnos, podemos prepararnos para recibir los impulsos de nuestra mente superior y de la mente de Dios en la profesión que elijamos.
De todos modos, el intelecto no es la mente de Dios. Ralph Waldo Emerson dijo: “El hombre debería aprender a detectar y observar ese destello de luz que pasa por la mente, más que el brillo del firmamento de poetas y sabios”.
El propósito de aprender es comprender lo divino.
-ABRAHAM ABULAFIA
De hecho, nuestra educación a veces puede interferir, sobre todo si es caldo de cultivo para el orgullo. Tenemos que estar dispuestos a pasar por alto los conceptos del intelecto tendentes a descartar por medio del raciocinio los conceptos de Dios.
Este es el modus operandi de los maestros zen y de sus koanes, o acertijos.
Un maestro zen explicó: “Quienes buscan la verdad solo mediante el intelecto y la erudición, se alejan cada vez más de ella. … Hasta que no abandones todos los pensamientos de ir en busca de algo, hasta que tu mente no esté inmóvil como un pedazo de madera o una piedra, no andarás por el camino correcto hacia la puerta“.
La historia de Bill, un programador informático, ilustra esta cuestión, Bill comenta que en ocasiones los programas que elabora son tan complicados que sea bloquea mentalmente.
“A veces pienso que está fuera de mis capacidades, simplemente no sé hacerlo”, explica. “Pero si consigo centrarme y estar en condiciones de ser un cáliz por medio del cual Dios opere, desde algún lugar en el cosmos, no sé cuál, me viene un pensamiento a la mente que antes no estaba ahí.
“El cual me hace fijarme en algo; y luego eso me conduce a otra cosa que me lleva hasta otra. Al final, me guía hasta la respuesta. Sin embargo, para llegar allí tengo que deshacerme del sentimiento de ser indigno de esa tarea y abrirme”.
Entablar contacto con nuestra inteligencia superior puede brindarnos las respuestas que no encontramos en otra parte.
A veces actuamos como el Papa Juan XXIII, quien en cierta ocasión bromeó al respecto: “A menudo me sucede que me despierto de noche y comienzo a pensar en un problema serio. Luego decido que debo contárselo al papa. ¡Entonces me despierto del todo y me acuerdo que soy el papa!”.
Si te despiertas a la mitad de la noche buscando la respuesta a un problema, no olvides que tienes acceso ilimitado a todo el conocimiento y creatividad que necesites, siempre y cuando estés preparado para recibirlo.
Autoanálisis
- ¿Tengo la tendencia a confiar demasiado en mi intelecto humano, o más bien intento conectarme con mi mente creativa superior?
- Cuando me vienen percepciones e inspiraciones que pueden ayudar a otros, ¿las comparto?
- ¿Me doy tiempo para desacelerarme, aquietar la mente y pasar tiempo en soledad?
Una manera de equilibrar nuestro chakra de la coronilla a fin de prepararnos para recibir los impulsos de la inteligencia divina es aminorando el paso y calmando la mente externa.
¿Eres capaz de aquietar la mente? ¿Te distraes con facilidad? ¿Ocupas la mente en trivialidades o fantasías?
Parafraseando al sabio taoísta Chuang Tzu: “Si no puedes mantener en calma la mente, a eso se le llama galopar aun estando sentado”.
¿Acaso tu mente galopa mientras estás sentado?
No es un problema fuera de lo común. En el clásico del siglo VIII llamado Guía sobre el estilo de vida del Bodhisattva, el monje poeta Shantideva compara la mente difícil de manejar con un elefante furioso.
“No es posible seguir ninguna disciplina sin vigilar la mente temblorosa. Los elefantes no domesticados o agotados por el trabajo excesivo no causan el daño que si ocasiona la mente descontrolada, esto es un elefante descontrolado”.
Si la mente perezosa queda fija en otra cosa, afirma, todos nuestros ejercicios espirituales, aunque los realicemos durante largo tiempo, “son inútiles”.
Repetimos lo dicho: eso ocurre porque allí donde dirigimos nuestra atención, allí va nuestra energía.
El cuerpo y la mente están conectados. Así que si queremos calmar la mente, tenemos que cuidar de nuestro cuerpo.
Es más fácil concentrarse y dirigir la atención cuando dormimos lo suficiente, hacemos ejercicio e ingerimos alimentos que nos fortalecen en lugar de los que nos resultan pesados (como los que tienen demasiado aceite o grasa) o nos ponen nerviosos (los que llevan demasiada sal o el café).
Otro modo de equilibrar el chakra de la coronilla es reservando un espacio de tiempo para la meditación y la comunicación con Dios.
- Dedica tiempo a estudiar tus pasajes sagrados predilectos u obras que te inspiren.
- Concédete tiempo para recibir las revelaciones que Dios desea darte personalmente.
- Pasa tiempo solo.
En ocasiones nos llenamos el día con tantas actividades que se nos olvida escuchar la palabra interior de sabiduría.
Cuando repases las ocupaciones previstas para la semana, marca como prioridad en el horario algo de tiempo para ti antes de que se llene la agenda.
Una vez estaba hablando con una persona sobre la fecha para convocar una reunión. Me dijo: “Más vale que lo anotemos en nuestra agenda ahora mismo, aunque falten tres semanas, porque se me llenan las horas muy rápido”. Entonces me echó una mirada y señaló: “Hago lo mismo con mi esposa”.
Pasó un par de páginas de la agenda hasta dos meses después y comentó: “Fíjate, me voy a reunir con ella el día veinte a las ocho de la noche. Insistió en concertar una cita conmigo para asegurarse de que le podría dedicar un rato a fin de hablar con ella dentro de los dos meses siguientes”.
Así es como funciona nuestra sociedad hoy. Todo va tan de prisa que nos hace falta reservar un espacio de tiempo para las personas especiales que hay en nuestra vida. Pues bien, dos de ellas son Dios y tú mismo.
A veces, estamos deprimimos o de mal humor porque no pasamos suficiente tiempo alejados del mundanal ruido.
Cuando no permitimos al alma seguir su inclinación natural hacia la unión con Dios, el anhelo de esa unión se convierte en una soledad que ni siquiera las mejores relaciones humanas pueden satisfacer.
En 1953 y 1954 Thomas Merton pudo dedicar ciertos momentos especiales a la soledad y a la meditación, y puso por escrito sus pensamientos sobre la soledad y la vida contemplativa.
Descubrió que no tenemos que ser “perfectos” para que Dios comparta con nosotros Su sabiduría. “Solo la soledad”, escribió Merton, “me ha enseñado que no tengo que ser un dios o un ángel para agradarte a Ti [Dios], que no tengo que convertirme en una inteligencia pura sin sentimiento o sin imperfección humana antes de que Tú escuches mi voz. No estás a la espera de que yo me engrandezca para estar conmigo, oírme y responderme“.
Estas son las suaves revelaciones y descubrimientos que podrás experimentar si dedicas tiempo a estar a solas con Dios.
Más no te apresures en todo momento a compartir tus experiencias más íntimas y espirituales con los demás.
“Dios no cuenta sus más puros secretos a alguien que esté listo para revelarlos”, advirtió Merton. “Guarda secretos que sí cuenta a quienes comunicarán algo de ellos a los demás. Pero estos secretos son propiedad común de muchos. Tiene otros que no se pueden explicar. El mero deseo de revelarlos nos hace ser incapaces de recibirlos”.
Existen demasiadas experiencias espirituales que son sagradas y no necesitan compartirse con otras personas.
Mark Prophet comentó en cierta ocasión: “Creo que uno de los mayores errores que la gente comete es contar a su vecino, a sus amigos o a su pareja algunas vivencias espirituales que les han acontecido. Muchas veces tus compañeros te dirán, ‘¡Oh, es maravilloso! ¡Qué bonito!” A continuación, se darán la vuelta y exclamarán: “¡Vaya, creo que ya chochea un poco!’”.
Autoanálisis
- ¿Paso suficiente tiempo solo?
- Durante el día, ¿trato conscientemente de aminorar el paso, aquietar la mente y armonizarme con mi mente superior?
- ¿Acepto la unidad que subyace en la diversidad?
En el nivel del chakra de la coronilla, el loto de mil pétalos, nos inicia en la sabiduría y la comprensión más elevadas: el conocimiento de que no existen dos, sino uno.
No hay dos: tú y yo. No hay dos: Dios y tú. Solo hay uno: solo existe Dios. Solo existe el Espíritu. Solo existe el Yo, con una Y mayúscula. El resto es ilusión.
Este es el misterio que los místicos y los adeptos han descubierto. Tal vez lo sepamos desde una perspectiva intelectual, pero hasta que no lo entendamos con todo nuestro corazón, alma y mente, todavía estaremos viviendo con una sensación de dualidad, es decir, de dos, no uno.
En tanto operemos desde una perspectiva de dualidad, no nos habremos integrado con las energías más elevadas del chakra de la coronilla.
Rumi expresó esta verdad en una sencilla parábola sobre el ego humano, el cual tiene dificultades a la hora de identificarse con el Yo verdadero y con Dios.
En una ocasión alguien llamó a la puerta de su amigo. “¿Quién anda?”, preguntó el amigo. “Soy yo”, replicó el primero. Pero aquel le pidió que se fuera porque no había lugar para carne cruda en su mesa.
Un año después, la persona regresó, completamente cocida, y llamó de nuevo. “¿Quién anda?”, preguntó el amigo. “Tú”, fue la respuesta esta vez. El Amigo abrió la puerta, explicó que solo había espacio para uno en su casa, y luego le invitó a entrar.
Cuando entendemos que no hay dos sino uno, Dios compartirá todo lo que Él es con nosotros, porque nosotros habremos compartido todo lo que somos con Él.
En vez de estar tan absorbidos por todo el mundo, sé todo el mundo.
-RUMI
Uno de los textos más antiguos donde se plasma esta verdad mística es el de los Upanishads, las antiguas escrituras hindúes.
En una conversación que mantienen el joven Nachiketas y la Muerte, esta le promete tres regalos.
En primer lugar, el joven le pide reconciliarse con su padre. El segundo regalo que pide es el fuego que conduce al cielo.
Como tercero, solicita que le explique qué le ocurre a un hombre después de morir. En el transcurso de la conversación, la Muerte revela poco a poco el secreto de la inmortalidad.
Explica: “Algunos no han oído hablar del Ser, otros si han oído pero no pueden encontrarlo”. … La lógica no acerca al hombre al Ser…. Este poder ilimitado, fuente de todo poder, que se manifiesta en la vida, entrando en cada corazón, viviendo allí entre los elementos, ese es el Ser…. Dile a la mente que no existe sino el Uno”.
La muerte prosigue explicando que Nachiketas que no debería buscar ese “Ser” fuera de sí mismo.
Este Espíritu que habita en el interior, afirma la Muerte, es “esa Persona, más grande que un dedo pulgar, que arde como una llama sin humo, que construye el pasado y el futuro”. Este ser tan íntimo, le revela, es Dios, el que “vive en el corazón”.
El Espíritu que mora dentro de nosotros se le ha descrito en muchas religiones.
En la hindú, el Upanishad Katha también se refiere a la “luz del Espíritu” que se esconde en el “alto lugar sagrado del corazón” de todos los seres.
Los budistas hablan del “germen de budeidad” que existe en cada ser vivo.
El teólogo y místico cristiano Meister Eckhart enseñó que “la semilla de Dios está en nuestro interior”. Hay una parte de nosotros, escribió, que “permanece eternamente en el Espíritu y es divina…. En ella Dios brilla y arde sin cesar”.
Cuando empecemos a identificarnos menos con el hombre externo, con el ego y más con esa persona que vive en el corazón, aquella que arde “como llama sin humo”, entonces, y solo entonces, estaremos en camino de conseguir el pleno florecimiento de nuestro chakra de la coronilla.
En cuanto las energías de nuestra coronilla se aceleren y equilibren más, seremos capaces de mantener un sentimiento duradero de unidad con el Espíritu mientras caminemos por la Tierra. Y también reconoceremos ese Espíritu en los demás.
Cuando las energías de la coronilla no están equilibradas, no somos capaces de conservar la percepción del Espíritu interior que constituye nuestra esencia.
O, en el extremo contrario, tal vez permitamos que nuestras experiencias espirituales “se nos suban a la cabeza” al estar convencidos de que somos mejores que otros.
Quizás nos regocijemos de nuestra dicha espiritual, en nuestra torre espiritual de marfil, y nunca bajemos a la tierra. Sin embargo, este no es el sendero del chakra de la coronilla.
La iniciación de la coronilla exige que abandonemos nuestro orgullo, nuestro ego, nuestro aislamiento, de modo que encontremos la manera de hacer que nuestra espiritualidad sea práctica y abarque a todos.
La característica negativa de la vibración del orgullo crea a niveles energéticos una corona oscura alrededor de la cabeza, en lugar de la brillante corona amarilla de los iluminados.
Esta energía oscura puede privarnos de nuestro contacto con la mente superior, dificultando todavía más la recepción de los impulsos de lo divino por medio del chakra de la coronilla.
[El Yogui] se ve en el corazón de todos los seres y ve a todos los seres en su corazón.
-BHAGAVAD GITA
La catarsis que afrontamos al nivel del chakra de la coronilla exige asimismo que valoremos a los demás y aprendamos de todos.
Uno de los sellos distintivos de la nueva espiritualidad emergente de nuestra época es apreciar la diversidad.
A medida que vamos avanzando hacia el futuro, podemos aprender mucho de un eminente personaje del pasado: Akbar el Grande, emperador mogol del siglo XVI.
Akbar fue un genio militar y sabio gobernante, el mayor de su tiempo.
Más, por encima de todo, su ardiente deseo era reconciliar la diversidad de credos religiosos que se presentaban ante sus ojos: cristiano, musulmán, hindú, zoroástrico y judío. Fue el primer monarca en la época medieval que reconoció la existencia de la verdad en todas las religiones.
¿Cuántas personas en el mundo hoy día, lo admiten?
Akbar vio la semilla de la verdad en todas las religiones. A resultas de ello creó su propia religión monoteísta, unitaria, denominada Fe Divina.
Su objetivo era generar la unidad en medio de la diversidad. Tras estudiar los senderos místicos de las religiones del mundo, he llegado a la conclusión de que son mucho más parecidas que diferentes.
Y eso mismo sucede con tantas cosas en la vida. De ahí que podamos disfrutar de la diversidad, e incluso sacarle partido, al tiempo que buscamos la unidad subyacente.
Autoanálisis
- ¿Respeto la diversidad e intento aprender de ella?
- ¿Procuro encontrar el vínculo que me una a los demás o por el contrario persisto en las diferencias?
Ejercicios
Afirmaciones para activar el chakra de la coronilla
A través del chakra de la coronilla recibimos los pensamientos creativos de Dios y de nuestro Yo Superior.
Las afirmaciones que leerás a continuación pueden ayudarte a despejar las facultades físicas y espirituales de la mente y además, a fortalecer tus facultades intuitivas y desarrollar una más fina percepción de las dimensiones espirituales. Cuando hagas las afirmaciones, visualiza la llama violeta despejando de tu mente todos los bloqueos mentales, imágenes negativas y conceptos limitativos sobre ti mismo o los demás.
Ve tu mente llenándose de la brillante luz dorada de la coronilla.
Oh llama de luz brillante y dorada,
oh llama tan maravillosa de contemplar,
YO SOY el que brilla en toda célula del cerebro,
YO SOY el que todo lo adivina en la luz de la sabiduría.
Fuente de iluminación que fluye incesantemente,
YO SOY, YO SOY, YO SOY iluminación.
Meditación del chakra de la coronilla
YO SOY luz, tú, Cristo en mí,
libera mi mente ahora y por siempre;
fuego violeta brilla aquí,
entra en lo profundo de esta mi mente.
Dios, que me das el pan de cada día,
con fuego violeta mi cabeza llena.
Que tu bello resplandor celestial
haga de mi mente una mente de luz.
Mantra a Helios y Vesta
Canta esta canción a Helios y Vesta y medita en el Sol Helios, con su llama gemela Vesta, son seres cósmicos que representan al Dios Padre-Madre de este sistema solar.
¡Helios y Vesta!
¡Helios y Vesta!
¡Helios y Vesta!
¡Que la luz fluya dentro de mi ser!
¡Que la luz se expanda en el centro de mi corazón!
Que la luz se expanda en el centro de la tierra
¡Y que la tierra sea transformada en el nuevo día!